La sanidad española tiene un problema del que casi nadie habla: la falta de continuidad asistencial.
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Aarón—

Un paciente sale del hospital.
Tiene medicación nueva.
Una herida que curar.
Quizá un catéter.
Quizá necesita controles analíticos.
Quizá su familia no sabe exactamente qué hacer.
El hospital ha terminado su trabajo.
Pero el paciente no ha terminado su proceso.
Y aquí aparece uno de los grandes retos de nuestro sistema sanitario: ¿quién se ocupa del paciente cuando pasa de un nivel asistencial a otro?
Hospital → Atención Primaria → domicilio → especialista → urgencias.
Demasiadas veces seguimos pensando en estos servicios como piezas independientes.
Pero el paciente no vive dentro de un organigrama.
El paciente es uno.
Y necesita que alguien coordine su proceso.
Los propios documentos estratégicos del Ministerio de Sanidad señalan la necesidad de mejorar la coordinación entre Atención Primaria, atención hospitalaria, urgencias y atención domiciliaria, especialmente en pacientes complejos y con múltiples transiciones asistenciales.
Y hay un dato que debería hacernos reflexionar:
En el SNS, el porcentaje global de reingresos hospitalarios fue del 8,3% en 2023.
No todos los reingresos son evitables.
Pero sí deberíamos preguntarnos cuántos problemas podrían detectarse antes si existiera un seguimiento adecuado después del alta.
Una llamada.
Una valoración de enfermería.
Una cura.
Una analítica.
Una revisión de la medicación.
Una visita médica cuando realmente es necesaria.
A veces, pequeñas intervenciones en el momento adecuado pueden evitar que un problema termine convirtiéndose en una urgencia.
Por eso creo que la enfermería domiciliaria no debe entenderse únicamente como un servicio asistencial.
Debe entenderse como una pieza de continuidad del sistema sanitario.
El domicilio puede convertirse en el lugar donde conectamos lo que ocurre en el hospital con lo que necesita realmente el paciente.
Y esto no significa sustituir al hospital.
Ni sustituir a Atención Primaria.
Significa conseguir que todos trabajemos sobre el mismo paciente, con la misma información y con un objetivo común.
Que el alta hospitalaria no sea el final de la atención.
Que sea el comienzo de una nueva fase.
El futuro de la sanidad no pasa únicamente por construir más hospitales.
También pasa por conseguir que el paciente no se pierda entre ellos.
¿Estamos preparados para diseñar una sanidad realmente conectada alrededor del paciente?
